miércoles, 2 de marzo de 2016

Las letras pequeñas del contrato parte 1.

-Tengo la necesidad de intensificar sentimientos.
-Siempre quiero hacer feliz a la gente.
-No me gustan los mariscos, la carne de puerco, el mole ni el morado.
-Posiblemente finja estar bien cuando me siento de la verga.
-No sé bailar.
-Cuando me gusta algo que pruebo o estoy muy feliz; bailo.
-No sé cantar.
-Todo el tiempo estoy cantando.
-Si te escribo es porque te quiero.
-Si te hago un regalo es porque me nace dártelo, no porque sea una fecha especial.
-Lloro casi todo el tiempo.
-No me gusta que me vean llorar.
-No sé cocinar.
-A veces puedo ser muy fastidiosa.
-Nunca me fijo en los zapatos de las personas.
-Cuando te haga un cumplido es que de verdad me gustó cualquier cosa que te esté alardeando
-Me gusta hablar, mucho, de todo y cualquier cosa. Pero soy muy tímida con las personas que no conozco.
-Nunca comparto mi gusto musical, si lo comparto contigo neta más te vale que te gusten las canciones.
-Tengo muy buena memoria y eso puede ser inconveniente en la mayoría de las ocaciones.
-Soy muy cachetona.
-Me gustan los derivados del ocho y el ocho, pero no los infinitos.
-No me gustan las películas de terror ni suspenso. 
-Me gustan las plantas.
-No me gusta que me regalen flores.
-Tengo más dolores de espalda que cualquier otro dolor en el cuerpo.
-Me cuesta trabajo ver a las personas a los ojos.
-Me trabo muy seguido cuando hablo.
-No me gusta el olor de los cítricos.
-Me gusta el azul.






martes, 1 de marzo de 2016

Te pago, Sebastián

"O le escribo a tu sombra, o a tus piernas que me idiotizan desde el día uno. O le escribo a tu voz tan rasposa que suena a que gritas toda la noche que me odias. O le escribo a tu piel tan blanca y tan rosa. O a tus lolas que son un misterio. O le escribo a las costillas que tengo de recuerdo. A aquél pajarito que muere y tus cuentos que me hacen nudos de garganta. O le escribo a tus ganas de comerte el mundo. De joderte el mundo. De no ser mi mundo. Coño, Sofía. Le escribo a tu absurdo andar por las calles sin mi mano en tu mano. A tu absurdo acostar tu cabeza en todos lados menos en mi pecho. Te pago yo, te juro, te pago yo por leerme, porque te retorcieras de gusto entre mis pendejadas, entre mis canas y mis huevos de viejo rabo verde. Atte: Tu jodido pitosuelto."

viernes, 29 de enero de 2016

Preferiría estar en una cantina

Te estoy odiando tanto porque no puedo dejar de escucharte en cada canción, ciertas palabras me recuerdan a un momento contigo y esos momentos te los quiero compartir sólo a ti, ni siquiera me hagas entrar en lugares, son demasiados por los que pasamos juntas, porque desde hace un año tengo recuerdos de ti. 
Me dijeron que fui yo la culpable. La que no lucho, no cuestiono y no se aferró a algo que definitivamente no quería dejar ir. La que prefería ignorar tus mensajes antes que hacerte llorar con mis extensas respuestas a tus argumentos y temas de conversacion irrelevantes, porque créeme que me moría por contestar y a veces acepto que solo buscaba un pretexto para saber si estabas bien. Aunque ya no es gran cosa, porque la que se fue fui yo. Como todas esas veces que te dije que no iba a ver ninguna película de terror y tú insistías que me ibas a cuidar y así no iba a tener miedo. Esta vez no hay alguien que me cuide y sigo estando asustada. 
Pero yo sé que tú estás bien y tu felicidad fue la que siempre busqué. 

Te estoy odiando pero no tanto. 

viernes, 15 de enero de 2016

Querido Sebastián

Los dos hemos pasado por momentos difíciles desde que nos conocemos. Hemos ido más veces de las que recuerdo a la cantina, a veces simplemente era el destino el que nos agendaba por separado encontrarnos en ese lugar. Recuerdo haberte visto llorar un poco cuando hablamos de las mujeres que estaban en nuestras vidas en esos momentos, fue la misma vez que me hiciste llegar quince minutos antes y yo siendo la dama que soy no quería entrar sola, también recuerdo los cigarros de durazno que siempre te usurpaba y el día que estabas con tu mujer y por irte de caliente a hacer bebés olvidaste en la mesa. Incluso fuera de ese lugar rojo por dentro y añejo por fuera, recuerdo las tantas veces que fuimos unos pubertos encerrados en nuestras casas no queriendo saber nada de nadie. O cuando éramos un poco más formales y me recomendabas libros y películas o jugábamos a hacernos preguntas para conocernos un poco más, a veces sin estar en el mismo lugar físicamente me contabas de tu familia y de un incidente horrible que pasó con tu hermano y que yo siendo tan tonta nunca supe cómo hacerte sentir mejor por aquello y sólo me quedaba preguntarte diario como iba todo. Tal vez siempre haya sido una Sofía boba que te inventaste alguna noche queriendo hacerte pajas en nombre de alguien, pero debo admitir que cuando dejas de lado el ser un cabrón y me escuchabas o escribes para hacerme sentir mejor, eres un hombre muy sabio y hasta me haces pensar que tienes corazón. Yo sé que el ser un viejo cabrón y los años que te cargas también te han llenado de sabiduría y es por eso que tus palabras más que las de cualquiera siempre me han hecho sentir mejor y por eso siempre te busco cuando quiero ser fuerte o simplemente quiero reírme un rato. Esta vez me toca a mi pedirte que seas fuerte y que no permitas que ninguna autoridad o ley te impida estar con las que amas. A pesar de que la vida te hizo un pitosuelto me da mucho gusto que al fin estés donde quieres estar con la mujer que te hizo hacer tantos corajes, viejo. Realmente soy muy mala para esto, Sebastián. Sólo quería devolverte las palabras que tú siempre puedes acomodar para hacerme sentir mejor.
Eres un hijo de la chingada, pero no mío. Sofía.  

Gira soles y cierra ventanas.

Cerré tu ventana. Tú ventana que en realidad era mía.
Llegó a mi casa, pude reconocer su cuerpo por la ventana cuando se bajó del coche y se acercó a la reja. Tocó por aproximadamente tres minutos y gritó mi nombre, vio su celular como queriendo escribir un mensaje o hacer una llamada. Yo sólo veía por la ventana todos sus movimientos.
«Karina, sé que estás adentro por favor abre la puerta» no me quería dirigír a la puerta, pensé que en cualquier momento se daría por vencida y se iría de mi casa, hasta que decidí sólo vernos de frente una última vez, me temblaba la mano mientras la acercaba a la perilla, no quería volver a enfrentar ese sentimiento de cruzar miradas y saludos incómodos, pero al mismo tiempo sí. Entonces abrí la puerta y tenía siete girasoles en su mano. Nunca me había gustado tanto el color amarillo  pero desde siempre me han fascinado los girasoles «Tú nunca me regalas flores» «y tú nunca le abres la puerta a nadie a menos que sea a ti misma» hace un verano no veía sus hombros en tirantes y el pelo tan largo, con la simple mirada podía decifrar cómo se sentía su piel y a qué olía su ropa. «no quiero tus flores y definitivamente no quiero que estés en mi casa, ya sabes lo nerviosa que me pone que lleguen mis papás» mientras más le insistía que se fuera, más firmes ponía los pies en la banqueta y yo que no podía dejar que se fuera tan rápido inventé un pretexto rápido. «llévate los girasoles y no se te ocurra regresar con gerberas o un cact...»«estas son tus últimas flores, Karina. Adiós.»

Y desde ese entonces no me gusta recibir flores. 

miércoles, 13 de enero de 2016

Grabación 9/01/16

No me quisiste, no me quisiste ni siquiera la mitad. Eres una mentirosa. Por qué te acercas a mi y me abres tu corazón y yo te abro el mío para después dejarlo, sin explicaciones o con argumentos burdos y estúpidos que tu sabes que son falsos. No me quisiste, ni siquiera me adoraste como decías, yo no era tu amor completo y tu y yo no éramos dos. Ni siquiera tomaste el tiempo para pensar en mi un poco. Ni siquiera me pudiste ver a los ojos cuando me decías eso, sólo intentabas abrazarme y besarme y tocar mi mano y mis brazos, sólo intentaste no hacerlo difícil y lo hiciste imposible, aun cuando me fui y lloré, no fuiste para mandar un maldito mensaje o llamarme. Me dejaste irme porque seguramente en tu cabeza egoísta, intensa, dramática y tonta pensaste que yo necesitaba un tiempo que jamas te pedí. Yo no quería un tiempo y si estaba contigo era porque realmente quería estar. Pero tú no me querías. Tú no me quieres y no sé por qué pienso tanto y le doy vueltas a eso si es algo que ya nunca va a ser.

lunes, 11 de enero de 2016

Y que nadie me diga cobarde sin saber hasta dónde te quiero.

Que bueno que me dejaste
si te hubiera dejado yo
hubiera sido la niña inmadura que solo quería divertirse contigo
la irresponsable que no quería compromisos
la que seguramente encontró alguien mejor.

Pero que bueno que tú me dejaste
porque ahora eres tú la cobarde
la que se protegió de alguien que no quería hacerte daño.
inventando excusas que suenan más como pretexto
y utilizando clichés que se inventaron para que una ruptura fuera menos horrible
aunque no haya manera -no horrible- de terminar una relación.

Que me dejaste completa
porque todavía tenía mucho amor
que bueno que no me despedí de ti
y que cumplí todas mis promesas.

Que bueno que no te hice saltar
desde el tercer piso de un edificio radioactivo.