miércoles, 18 de febrero de 2015

Amor

Hola, amor. Disculpa sí te molesta que te diga así, es la costumbre supongo, ¿sabes? últimamente hemos estado distantes, necesito hablarte de ciertas cosas, tal vez te interese saber de lo que he escrito y de eso quería hablarte justamente, he batallado para escribir de ti, las letras ya no me salen como antes, no es la distancia, estoy segura de eso, mil veces le he escrito a esta distancia y siempre sabía como hacerlo a la perfección. Esta vez es algo diferente, amor. Esta vez el problema es que al momento de necesitar escribir mi motivo y razón ya no es de ti, la causa cambió y de eso exactamente estoy buscando hablarte, considero correcto que sepas por medio de esta carta, porque tanto te gustaba recibir cartas, que he estado pensando en alguien diferente, alguien muy diferente a ti, mi amor. Es gracioso porque llegamos a hablar de esto antes, hablamos de como este momento podría pasar y como íbamos a sobrellevarlo, yo
iba a estar feliz por ti sí es que encontrabas a alguien primero y tú lo estarías por mi ¿quién hubiera imaginado que sería yo la que encontrará antes el amor en alguien más? estoy segura que en este momento estas sonriendo, porque sabes que este hombre es bueno para mi, me encantaría que lo conocieras, amor. Es educado, siempre es muy amable conmigo ¿recuerdas como sufríamos las distancias? Pues con él no hay nada de eso, bebé. Siempre estamos juntos y me hace sentir segura, las llamadas de madrugada son para desearnos buenas noches y no para llorar la lejanía y preguntarnos cuando es que nos volveremos a ver, así como era contigo. Incluso conoció a mis papás hace una semana, lo adoran, dicen que se nota que me quiere y ya lo ven como parte de la familia, ya no habrá dramas como la vez que mi papá me dijo que no le gustaba que saliera contigo porque te vió ignorandome una vez con tus amigos o a mi mamá preguntándome cuando te iban a conocer pero yo no quería que lo hicieran para no generar momentos incómodos. No tienes una idea de lo feliz que me siento, este hombre es todo lo que siempre esperé de alguien, se interesa por mis cosas y jamás me deja sola, las cartas que le he escrito las tiene guardadas en el primer cajón de su buró, las tiene acomodadas por fechas, tal vez esto te parezca un poco extraño pero así es él, igual de ridículo que yo. Tenemos tantas cosas en común que ni yo me lo creo, de verdad es perfecto, ****. 
En fin, sólo escribía esta carta para despedirme de ti, amor y desearte la mejor de las suertes, aunque ya sé que no crees en esas cosas pero verdaderamente es una suerte tremenda tener a este hombre a mi lado y espero tú la tengas encontrando a una persona que te haga feliz, tanto como él a mí. Espero que todo esto que te escribo un día sea verdad, mi amor y no te duela tanto leerlo como a mi escribirlo. 

Con amor, 
Karina. 

jueves, 12 de febrero de 2015

Después de la Rima

Ya no te necesito en mi vida, intento extrañarte y hablarle a la personas de ti, pero el hecho de que ahora estemos más ausentes que nunca me hace sentir bien. Creo que conocí a alguien mejor que tú, más bien, a muchas personas mejores, no, no estoy enamorada de ninguna de ellas, sólo me di cuenta que existen seres irracionales que me parecen una mejor idea que tú, un ser con la construcción perfecta de huesos y piel que se absorbe en promesas, por un momento sentí que necesitaba de esa ideologia tuya de pensamientos izquierdistas y valeverguismo emocional.
Por un momento sentí la necesidad de escribirte que «a veces» te extrañaba, pero después de dos minutos recordé que no lo estaba haciendo. Ahora tus lunares me parecen cualquier cosa absurda y tu manera de caminar me parece algo totalmente estúpido, no siento interés por tus conversaciones de “intelectual” y creo que tienes un pésimo gusto musical. No fue mi intención que eso rimara, como tampoco fue mi intención conocerte, lo bueno es que de cualquier manera, ahora yo controlo lo que sigue después de eso. 

domingo, 8 de febrero de 2015

El color azul

Todo lo que pensé que había descartado volvió a corroér mi disco duro mental, los recuerdos que, según yo, habían desaparecido hace ya algunos meses se hacían cada vez más prominentes, podía escuchar perfectamente todas las vocales que utilizas para reírte, la idea de ti era constante, sentía tus manos recorrer mi vientre, hasta qué parte de mi sistema nervioso llegaba tu mirada después de no vernos tanto tiempo a los ojos, cómo se sentía darte un beso en la cuenca de los labios y había días en los que podía jurar que todavía mi ropa olía a ti, de repente todo eso que me costó tanto guardar en una carpeta más pequeña en mi memoria sentía la necesidad de aparecer como spam cada vez que mi vida seguía adelante. Parecía ser que mi memoria me insistía en preguntar sí quería guardar aquella vez que fuimos al parque en la noche después de tres cervezas en casa de un extraño para alejarnos de aquellas personas que nos molestaban tanto o sí prefería conservar las vacaciones navideñas que pasé en Chicago con toda mi familia que hace años no veía y que siempre olvido la cara de mi primo.

Me llueve sobre mojado.
La soledad que me acompaña, después de todo este tiempo juntas, tiene algunas quejas de mi, me repite constantemente que no eres tú, que ella no contesta el teléfono, no tiene un aroma en particular, ni me permite desabrochar su camisa o leerle un cuento. La soledad que en este momento está acostada conmigo se siente ausente. Su temperatura corporal no existe porque no tiene cuerpo y sí lo tuviera sería así; frío. Mi soledad no se siente como algo, mi soledad es todo lo contrario, como absolutamente nada, ni siquiera como algo vacío, porque no tiene nada para llenarlo. Entonces me doy cuenta que estoy llorando por nada, por absolutamente nada.