recuerdo perfecto la cama en donde estabas recostado boca arriba viendo el techo como siempre y con la mirada que sueles hacer cuando algo te preocupa o intriga. No sé por qué carajo esa mirada tuya siempre ha sido mi debilidad desde que te conozco. Mis instintos salvajes no me permitían controlarme contigo, quería trozarte sin duda y sin pensarlo dos veces me fui deslizando (realmente me deslizaba en ti, tu piel sobre mi piel, desde las rodillas a tu torso) hasta llegar a tus labios; frotaba mi piel con la tuya y despacio iba besando todo tu cuello y quijada. Sentía la necesidad de conectar tu cuerpo con el mío hasta que los dos hiciéramos en la cama fuego, como si fuéramos palos de madera que al momento de hacer fricción crean una fogata para toda la noche, eso quería contigo, hacer de algo tan simple algo perversamente mágico. Intentaba ver tus ojos cada vez que podía, tenía tantas ganas de morder tu piel y arrancarla de tu cuerpo pero sabía que una noticia de una psicópata enamorada no era precisamente la notica que necesitaba mi ciudad, entonces me límite a seguir creando esa fricción que necesitaba, esa chispa que haría de nuestros cuerpos una fogata. Pero olvidé que somos dos palos de madera de diferentes árboles y que los bosques no necesitan fogatas que duren toda la noche.