Los dos hemos pasado por momentos difíciles desde que nos conocemos. Hemos ido más veces de las que recuerdo a la cantina, a veces simplemente era el destino el que nos agendaba por separado encontrarnos en ese lugar. Recuerdo haberte visto llorar un poco cuando hablamos de las mujeres que estaban en nuestras vidas en esos momentos, fue la misma vez que me hiciste llegar quince minutos antes y yo siendo la dama que soy no quería entrar sola, también recuerdo los cigarros de durazno que siempre te usurpaba y el día que estabas con tu mujer y por irte de caliente a hacer bebés olvidaste en la mesa. Incluso fuera de ese lugar rojo por dentro y añejo por fuera, recuerdo las tantas veces que fuimos unos pubertos encerrados en nuestras casas no queriendo saber nada de nadie. O cuando éramos un poco más formales y me recomendabas libros y películas o jugábamos a hacernos preguntas para conocernos un poco más, a veces sin estar en el mismo lugar físicamente me contabas de tu familia y de un incidente horrible que pasó con tu hermano y que yo siendo tan tonta nunca supe cómo hacerte sentir mejor por aquello y sólo me quedaba preguntarte diario como iba todo. Tal vez siempre haya sido una Sofía boba que te inventaste alguna noche queriendo hacerte pajas en nombre de alguien, pero debo admitir que cuando dejas de lado el ser un cabrón y me escuchabas o escribes para hacerme sentir mejor, eres un hombre muy sabio y hasta me haces pensar que tienes corazón. Yo sé que el ser un viejo cabrón y los años que te cargas también te han llenado de sabiduría y es por eso que tus palabras más que las de cualquiera siempre me han hecho sentir mejor y por eso siempre te busco cuando quiero ser fuerte o simplemente quiero reírme un rato. Esta vez me toca a mi pedirte que seas fuerte y que no permitas que ninguna autoridad o ley te impida estar con las que amas. A pesar de que la vida te hizo un pitosuelto me da mucho gusto que al fin estés donde quieres estar con la mujer que te hizo hacer tantos corajes, viejo. Realmente soy muy mala para esto, Sebastián. Sólo quería devolverte las palabras que tú siempre puedes acomodar para hacerme sentir mejor.
Eres un hijo de la chingada, pero no mío. Sofía.
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