Quiero escribirte y no puedo, no es tan sencillo como decían
–mándalo a la verga, Karina. El wey es un pendejo–,
después de ver y no ver tus fotos, de escribir y no escribir nada
y lo que te escriben ahora,
el hecho de pensar que alguna vez te escribí yo
–21 paginas de nirvana–
y recordar todas las veces que
y las veces que no
cuando éramos magia
y desaparecíamos
y nos mentíamos
pero nos gustaba creer que no.
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