La posición fetal que tomaba mi cuerpo se iba formando sola, las rodillas dobladas, mis brazos al pecho y mi cara agachada. Sentía como se hacían más abiertas las paredes y con esa apertura sentía más tu ausencia. La oscuridad en ese momento se veía muy clara. Era sencilla de explicar la escena, simplemente no estabas.
Abracé mis piernas con mis manos y puse mi boca en las rodillas, dije tu nombre con un susurro esperando como respuesta que escucharas. Siempre mantuve los ojos alerta, no quería perderme el momento en que cruzaras la puerta, porque ya te había perdido antes y esta vez sólo quería que se aclarara la ausencia.
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