Vamos a prometernos algo que dure lo suficiente para no aburrirnos, pero algo tan corto para poder recordarlo.
Imagina que me atrevo a pasar por tu cabeza sólo un minuto.
Imagina que ese minuto se vuelven sesenta interminables segundos.
Imagina que la idea de pensar en un ser como yo es insoportable.
Imagina que no puedes descifrar lo que estoy pensando o lo que quiero decir.
Imagina que te empieza a fastidiar tanto ese minuto que no termina.
Imagina que te duele la cabeza de volver infinitos los segundos.
Y de repente me voy y no vuelves a saber nada de mí.
Sólo recuerdas la historia de un minuto que vivimos en tu cabeza.
La que todavía no termino de escribir.
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