Con la pantalla rota, sigo escribiendo.
Con los dedos adolorados de tanto dibujar, de tanto tocar a Clementina, de tanto escribir, de tanto extrañarle.
Hice un playlist otra vez, de esos que me recuerdan tus sonrisas, tus llamadas, tus besos.
No sé por qué lo hago. La luna es muy bonita como para estar viendo las teclas del aifon roto y seguirte escribiendo.
Pero me gusta escribirte, me gusta pensarte, me gusta celarte.
Me gusta.
Quizá me gusta tanto que no es sano. Después de todo este tiempo, no es sano.
Pero te quiero.
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