Me encontré con la fascinante idea de mi mamá de poner una vela en el baño. Soy amante de las luces tenues y de los olores. Imagina mi cara de felicidad al verme enfrente de una vela.
El baño olía delicioso, no podía prender las luces. Hubiera ardido en el quinto (sexto o séptimo) círculo del infierno.
Música. Sólo eso faltaba. Una de las decisiones más importantes en mi vida; escoger el playlist indicado para mi ritual sagrado de todos los días (menos uno que otro domingo, que por poco era este) el que me daría el empujón para empezar (o en este caso; terminar) bien el día.
Decidí poner el playlist cursi, el que te hace querer pensar en alguien a quién amas o amaste con cada cachito de tu ser.
Y entonces sonó Lovesong. Primero la blusa, porque amo estar en pantalones y brasier, creo que amo ver las costillas, las curvas, dejar que alguien ajeno a mi desabroche lo demás, pero la blusa es de mis manos.
Observar el espejo.
La luz tenue de la vela sobre mi cuerpo.
Sobre este cuerpo que espera ansioso que unas manos lo ericen de nuevo.
De perfil. De frente. Por atrás. Observo con calma los diferentes ángulos de mi cuerpo y me pregunto cuál te gustaría más.
Entonces desabrocho mis pantalones y sólo quedamos: la luz tenue, mi piel y mis bóxers. No sé qué más decir. Sigo viendo el espejo.
Pongo mis manos en mis hombros como queriendo taparme toda. Sintiendo vergüenza de algo. Como sí estuvieses ahí y yo me sintiera avergonzada. Pero ¿quién eres y por qué me da pena?
Es hora de meterme a la ducha.
Cae el agua.
Primero fría,
después caliente.
La canción cambió hace ya un rato y no me di cuenta. Seguía pensando en quién eras.
Abrí el champú, lo pongo sobre mi cráneo y pienso; Alex Chilton.
«I'm so in love with you...»
Pero no pensé en nadie.
Dejé el champú entre todo mi cabello un rato y vi la luna.
Cómo me hubiese gustado que en el baño de hoy estuvieras conmigo.
Recuerdo a todas esas personas por quienes alguna vez había sentido algo. Pero ya no sentía nada. Por ninguna.
Sonreía mientras estiraba mi mano para ver cómo le pegaba el reflejo de la luna.
Volvía a poner mis manos sobre mis hombros.
Nos veía.
Volteaba a ver la luna.
Volteaba a ver la vela.
Abrí la regadera de nuevo.
«Recuerdo que al llegar me miraste. Fui sólo una más de cientos. Sin embargo fueron tuyos, los primeros voleteos...»
Jabón y esponja.
Hacer figuras con el jabón.
Ponerlo como filtro para ver la luna.
No dejar de ver la luna.
No quiero salirme de bañar.
No quiero dejar de pensar en esta persona que es un invento de mi mente.
En esta persona que no existe.
A la que espero.
A la que sueño.
La que no tiene nombre, ni edad, ni sexo.
Pero quiero que seas tú.
Quiero ser...
Cerré la regadera y me puse la toalla. Me acerqué a la vela y volví a verme en el espejo.
Ahí estaba el mismo búho de siempre que tiene miedo a volar. Pero sin embargo lo intenta.
«Suena el piano»
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