Vi su cuerpo acercándose al mío, moría de ganas por besarle todo, aunque tal vez no todo, pero sí esos parpados, esos cachetes, esa frente, ese cuello y esos labios que siempre lograron sacar las mejores sensaciones en mí y me hicieron sentir, más que búhos, tsunamis en el estomago. Estaba parada, paralizada, ni siquiera sabía si acercarme o esperar a que intentara hacer algo para después decirle que era una bestia impulsiva y voltearle la cara con un golpe, aunque sé que por más que hubiera querido, no lo hubiera echo, la idiotez mía en ese momento no me hubiera permitido. Esperé no más de tres minutos de contacto visual, estaba apunto de marcharme del lugar donde nuestras hormonas se quedaron petrificadas. Nunca pensé que lo diría pero lo dijo:
—Te necesito, te necesito y más de lo que crees. Necesito de tu humor tan a veces negro y a veces blanco, necesito que me digas todas esas cosas sin sentido que dices y que me fascina que digas, necesito que prendas tus cigarros cuando estás conmigo, que me inventes una historia con tu nombre entre líneas, que me enseñes a ser la persona que quieres contigo siempre, que me dejes tocar tu cuerpo, tu cuerpo lleno de imperfecciones que me parecen perfectas, que me permitas ver a tus ojos que con el Sol son cafés y en la noche son increíblemente negros, que me dejes acariciar tu cabello que a veces es extremadamente lacio y pesado, pero otras tantas es voluminoso y ondulado, necesito de tus labios que adornas con ése labial rojo-rosa, pero que te queda mucho mejor con esa sonrisa que haces a la mitad de un beso, necesito despertar todos los días contigo y con ése olor corporal tuyo que es solamente tuyo y que no encontraré en otra mujer, jamás. Necesito que me digas todo lo que odias y todo lo que amas, porque sé que cuando tú lo dices no puede haber mentira alguna, aunque "nunca mientas por las noches" sé que tampoco lo harás por las mañanas. Sé que puedes ocultar tus sentimientos y fingir que nada te importa, pero también sé que por dentro eres puramente sensible y que necesitas a alguien que te cuide y te acompañe cuando te sientas sola, aunque ames tu soledad, yo la respetaré cuando así quieras estar, pero cuando no, por favor, déjame estar contigo, porque me necesito junto a ti...
—¡BASTA!
Lo tuve que detener con los ojos llenos de una sustancia liquida que odio, mucho más cuando un tercero es quién es causa de ello y que lo hace con su voz y su mirada. No pude más. Me fui. No puedo estar con alguien que necesite más de otra persona que de él mismo.
El querer a alguien nunca hizo tanta diferencia en un dialogo.
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